El costo de ser diferente
Linda Kreger Silverman, PhD
«¿Por qué haces todo tan complicado?»
«¿Por qué eres tan sensible?»
«¿Por qué todo es tan importante para ti?»
«¿Por qué tiene que ser perfecto?»
Estas son algunas de las acusaciones más comunes dirigidas a las personas con altas capacidades. ¿Por qué, en efecto? La respuesta debería ser: «Porque tengo altas capacidades». Estos son los rasgos de personalidad que distinguen a las personas superdotadas de las demás.
Las personas con altas capacidades son «demasiado» de todo: demasiado sensibles, demasiado intensas, demasiado motivadas, demasiado honestas, demasiado idealistas, demasiado morales, demasiado perfeccionistas, ¡demasiado para los demás! Por eso viven con el gran secreto, inculcado desde la infancia, de que hay algo inherentemente malo en ser quienes son, porque no encajan. La mayoría de las personas con altas capacidades dedican una cantidad desproporcionada de energía a ocultar sus diferencias, aun sabiendo que no son como los demás. En lugar de sentirse superiores por ser inteligentes, con frecuencia sienten que sus diferencias las hacen defectuosas.
Tener altas capacidades significa ser diferente. Esa es la naturaleza misma del fenómeno. Y esas diferencias necesitan ser reconocidas, evaluadas, comprendidas y atendidas mediante servicios y programas diferenciados. Pocas personas comprenden la experiencia fundamental de las altas capacidades: la condición de sentirse un extraño en una sociedad que desconfía de quienes son diferentes.
Las altas capacidades son una condición permanente, presente las 24 horas del día durante toda la vida. No es algo que aparece y desaparece según el clima económico o político de una nación o de un distrito escolar concreto. No es algo que surge en tercero o cuarto de primaria y desaparece al terminar la secundaria. Tampoco depende del reconocimiento público. Definir las altas capacidades como un potencial para alcanzar fama futura hace imposible su identificación temprana; sería necesario tener una bola de cristal para decidir qué niños necesitan una atención educativa diferenciada.
Las personas con altas capacidades son el único grupo con necesidades especiales que puede fingir ser como los demás. Pero esto no ocurre sin un coste para el propio ser. Cuando se pone demasiado énfasis en que el niño encaje con los demás, la normalidad se convierte en el objetivo número uno de la vida. Y la única alternativa aparente a ser «normal» es ser «anormal». El miedo a la anormalidad puede ser tan abrumador que las personas con altas capacidades fingen normalidad, niegan sus diferencias y ocultan sus ricos mundos interiores para evitar el ridículo.
Algunos niños con altas capacidades aprenden muy pronto a jugar ese juego. Sacrifican su autenticidad y fingen ser alguien que no son para resultar más aceptables para los demás. En palabras de Elizabeth Drews (1972):
«A nuestros hijos se les enseña a ponerse máscaras antes de reconocer sus propios rostros. Se les obliga a introducir sus formas tiernas y moldeables en estructuras prefabricadas» (p. 3).
Intentar encajar a costa de uno mismo lleva a muchas personas con altas capacidades a sentirse como extraterrestres de otro planeta (Wallach, 1995).
«Cuando era pequeña solía quedarme mirando las estrellas y preguntarme cuál de ellas contenía el sistema solar que era mi verdadero hogar… ¡Eh, vosotros, allá arriba, en el Planeta Hogar, es hora de teletransportarme! La broma ya ha durado bastante. El experimento ha terminado. Quiero volver a casa ahora. ¿Me oís?» (Tolan, 1996, p. 13).
Disfrazados con tanta habilidad como agentes de espionaje, los estudiantes con altas capacidades pasan por normales. Juegan el juego y evitan ser descubiertos. Las reglas son: «nunca reveles nada que te haga destacar», «actúa como los demás», «no llames la atención». Los superdotados destacan en el arte de la imitación, pero el precio de llevar una doble vida es la falta de autenticidad, la alienación de uno mismo y el conflicto interior. (Sin mencionar el dolor de no tener a nadie con quien celebrar los propios éxitos). Especialmente cuando las medidas educativas para alumnos avanzados son insuficientes, tienden a camuflar sus capacidades para mezclarse con sus compañeros. Una receta perfecta para la soledad.
La estrategia de afrontamiento número uno entre los jóvenes con altas capacidades es la invisibilidad (Coleman, 2012). Su habilidad para disimular (King y colaboradores, 2019) hace que sus problemas de salud mental sean difíciles de detectar. Considerados entre los estudiantes «bien adaptados» (J. Cross y T. Cross, 2015), pasan desapercibidos para profesores, orientadores e investigadores.
Las personas con altas capacidades suelen despreciar la falta de autenticidad. «Sé fiel a ti mismo» es para ellas un imperativo moral. Sin embargo, muchas se sienten obligadas a mentir a sus compañeros para ocultar sus resultados en los exámenes o a fingir interés por cosas que en realidad no les interesan. En un estudio realizado en Australia, las madres de niños con altas capacidades consideraban la falta de autenticidad como «un sacrificio desafortunado pero necesario» (King y colaboradores, 2019). Gestionar la información que otros tienen sobre ellas tiene un elevado coste emocional. «No puedo mostrar a la gente quién soy realmente». «Soy inaceptable».
Coleman (2012) sostenía que «las altas capacidades son estigmatizantes» (p. 376). Desarrolló un paradigma sobre el estigma de las altas capacidades. Las personas superdotadas son «desviaciones normales» (p. 372), ya que poseen características que se sitúan fuera de las normas esperadas para su edad, género, grupo étnico, clase social o raza: aprendizaje rápido, profundidad y abstracción en el aprendizaje, sensibilidad elevada, intereses intensos y desarrollo asincrónico. Aunque anhelan la conexión con los demás, pronto descubren que cuando las personas son conscientes de sus capacidades, son tratadas de forma diferente. Para gestionar la información que sus compañeros tienen sobre ellas, reducen deliberadamente el nivel de sus capacidades, ocultando su excepcionalidad para evitar el ridículo y el rechazo.
Un estudio transcultural sobre la experiencia social de estudiantes con altas capacidades confirmó la universalidad del paradigma del estigma de las altas capacidades de Coleman (J. Cross y colaboradores, 2019). Se entrevistó a niños y adolescentes con altas capacidades en el Reino Unido, Corea del Sur, Irlanda, Francia y escuelas culturalmente diversas de Estados Unidos. En todos los países encontraron evidencias de que los estudiantes intentaban pasar por normales.
Sus mecanismos de afrontamiento incluían no responder en clase, no compartir sus calificaciones, mentir sobre su rendimiento en los exámenes, no dejar que sus compañeros supieran que participaban en programas para alumnos superdotados, rendir por debajo de sus posibilidades de manera intencionada, intentar mostrar interés por temas que gustaban a sus compañeros, simplificar sus respuestas y permanecer en silencio. Se encuentran atrapados entre las expectativas de los adultos, que esperan que rindan al máximo de sus capacidades, y la exigencia de sus amigos de no destacar más que ellos. Cuando brillan, son objeto de burlas. Lo que está en juego es mucho. Sus familias cuentan con que sobresalgan, pero si se descubre su superdotación, serán «descalificados de la normalidad» (p. 236). Muchos estudiantes terminan ocultándose debido a esta presión.
En este estudio transcultural se informó con frecuencia de burlas e insultos. Algunos eran objeto de burlas cuando obtenían buenos resultados, y aún más cuando no lograban ser los mejores de la clase. Las burlas son una forma de acoso. En un estudio realizado con 432 estudiantes superdotados de octavo curso en 11 estados, Peterson y Ray (2006) encontraron que dos tercios habían sufrido acoso escolar y que más del 10 % habían sido víctimas de acoso repetido. Pfeiffer y Prado (2018) informan de que el 72 % de los estudiantes superdotados de secundaria habían recibido insultos, frente al 40 % del grupo de comparación. Los alumnos con altas capacidades también sufrían burlas con mayor frecuencia que los no superdotados, lo que tenía un efecto negativo en su autoestima y en su sentimiento de pertenencia.
Muchos de los problemas que afectan a las personas con altas capacidades pueden atribuirse a la falta de conciencia, comprensión y aceptación de las diferencias inherentes a un desarrollo avanzado. Resulta emocionalmente perjudicial ser considerado inaceptable en el lugar donde uno debe pasar seis horas al día durante trece años cruciales de su desarrollo. Para el yo de una persona con altas capacidades, la vida puede ser muy solitaria y complicada. Pero no tiene por qué ser así. Con una mayor conciencia, comprensión y aceptación por parte de la sociedad, gran parte del dolor y el aislamiento asociados a las altas capacidades pueden sanar.
Las altas capacidades son una realidad psicológica. La complejidad cognitiva da lugar a una mayor profundidad emocional y sensibilidad. Por ello, las personas con altas capacidades no solo piensan de manera diferente a sus compañeros, sino que también sienten de manera diferente. En lugar de ser valoradas únicamente por lo que producen, necesitan ser apreciadas por quienes son y por las formas poco comunes en que piensan y sienten.
Información sobre la Dra. Linda Kreger Silverman Dra. Linda Kreger Silverman
Giftedness in Adults Rating Scale (Silverman, 2005).
Silverman, L. K. (2025, August 30). Giftedness: Social-emotional needs and acceleration. (video). National Association of Parents of Gifted Children in Switzerland.
Silverman, L. K. (2025, August 30). Giftedness: Asynchronous development. (video). National Association of Parents of Gifted Children in Switzerland.
¿Cuál consideras tu contribución más significativa al campo?
“Me llamaron a ser la voz de los superdotados cuando tenía 17 años, y esa ha sido mi misión durante 58 años. Pocos se dan cuenta del sufrimiento de esta población. Los superdotados son marginados, diferentes de los demás, a quienes se les hace sentir inaceptables. Existen sanciones contra el daño a otros grupos con necesidades especiales, pero los superdotados son blanco fácil de ataques, desprecios, marginación y desprecio. Se burlan de ellos, los excluyen de las fiestas de cumpleaños, solo los valoran por lo que producen, como las buenas calificaciones en la escuela. Pero algunos no pueden concentrarse en la escuela, porque se ven obligados a reaprender lo que ya dominaron hace años. La mayoría de las personas superdotadas OCULTAN sus habilidades para intentar encajar. Si no lo logran, a menudo son miserables. Pero hay un precio que debe pagarse por cercenar partes valiosas de uno mismo para ser más aceptable para los demás: la autoalienación. El aislamiento y la autoalienación son tan insoportables que algunos niños se destruyen por ello o se destruyen a sí mismos. He trabajado con grupos de niños superdotados en todo el mundo y si les preguntas cómo es su experiencia, te dirán que han sido ridiculizados por ser inteligentes; un tercio de los niños han sido víctimas de violencia física. Aquellos de nosotros que nos preocupamos profundamente por los superdotados hemos salvado vidas. Creo que la superdotación es quién eres, no lo que haces. Mi misión es ayudar a otros a comprender el mundo interior de los superdotados. Me han invitado a presentarme en 15 países, y familias de todo el mundo acuden al Centro de Desarrollo para Talentosos porque sus hijos se sienten VISTO por primera vez en sus vidas. Todo ser humano necesita ser visto, formar parte de una comunidad que lo acepte y lo respete. Las personas con talento merecen aceptación, respeto y que se satisfagan sus necesidades. Esta es mi misión”.
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